La estructura de suelo y su importancia para los cultivos

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De acuerdo con cifras de la FAO, cerca del 95% del alimento humano se produce directa o indirectamente de los suelosAdemás, estos son de vital importancia para otras formas de vida, filtran y limpian decenas de miles de km3 de agua anualmente y, como son un importante almacén de carbono, ayudan a regular las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. 

De ahí la imperante necesidad de cuidarlos. En dicho proceso, mejorar la estructura de suelos es fundamental porque de ella dependen el comportamiento del aire y del agua al interior de la tierra, y por lo mismo, condiciona los fenómenos de permeación, aireación y asfixia radicular. 

Pero ¿qué es la estructura del suelo?

Según con la FAO esta se “define por la forma en que se agrupan las partículas individuales de arena, limo y arcilla. Cuando las partículas individuales se agrupan, toman el aspecto de partículas mayores y se denominan agregados.

En líneas generales, la estructura del suelo describe la configuración física del mismo, es decir, la forma en que se unen los elementos que lo constituyen, una arquitectura característica que genera espacios o corredores -denominados porosidad- por los cuales circulan el agua y el aire. Los factores determinantes de la estructura son las características hídricas, la textura del suelo y la materia orgánica; aunque también influyen en el proceso el pH, el CO3 (trióxido de carbono), los óxidos e hidróxidos de hierro y la actividad biológica. 

¿Cuál es el impacto de la estructura en la sostenibilidad agrícola?

Para producir alimentos de calidad y de forma próspera, el agricultor requiere de suelo oxigenado, con buena estructura y el balance de nutrientes necesarios para que las plantas se desarrollen correctamente. Si la tierra es pobre en términos nutricionales o posee una estructura dañada, lo más probable es que sus cultivos tengan poco o nulo éxito.

¿Por qué?

Según conceptos recogidos por la FAO, la productividad del suelo hace alusión a su capacidad para producir cultivos. Algunas características que afectan esta productividad son:

  • La materia orgánica. 
  • La textura.
  • La profundidad. 
  • El contenido nutricional. 
  • La capacidad para almacenar agua. 
  • La ausencia o presencia de elementos tóxicos y su reacción ante los mismos.
  • La estructura. 
  • Cuando la estructura se daña genera procesos de alto impacto negativo para el suelo. 
  • Erosión. 
  • Infiltración deficiente de agua o escorrentía.
  • Mala exploración radicular y, por consiguiente, poca capacidad para absorber nutrientes.
  • Aireación insuficiente, que se traduce en bajo abastecimiento de oxígeno para el desarrollo de microorganismos y las raíces de las plantas. 

En estas condiciones, los ciclos de crecimiento a la madurez de las plantas son lentos o, prácticamente, imposibles. De ahí que el impacto de la estructura del suelo en la agricultura sostenible sea crítico. 

Teniendo en cuenta que dependemos de la agricultura para la provisión de comida, que, según la FAO, en 2017 casi 821 millones de personas padecían privación crónica de alimentos y que en el 2050 la población mundial superará los 9 000 millones de habitantes, es imprescindible empezar a trabajar para mejorar la estructura de suelos y consolidar una verdadera agricultura sostenible. 

Por supuesto, los agricultores juegan un papel importante al respecto. Deben implementar la gestión sostenible de los suelos y aplicar productos orgánicos que mejoren su condición.

Esto es fundamental porque la composición y tasa de degradación de la materia orgánica favorece la actividad biológica y afecta positivamente la salud general de la tierra y el subsuelo, su estructura, porosidad niveles de infiltración de agua y capacidad de retención de humedad.

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